E

Ellos,

los del infinito asombro,

los que no conocían otras voces y otros nombres,

solo tenían miedo en las horas del crepúsculo

cuando el Dios se entregaba

dócil

al roer de estas montañas.

 

Entonces,

guardaban la cara entre las manos

y de sus labios

escapaba esta oración:

e alfabetos 2012 2_Página_04

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