A

Antes de que la Luna se pierda de tanto exilio y tristeza y de que estas piedras puntiagudas y frías nos oculten en su vientre de musgo, quisiera que no se olvidaran los Dioses ni de nosotros ni de esta historia, que comenzó cuando podían contarse las aves y las estrellas del cielo.

B

Bajo la piedra, escondido, la escribo. Bajo esta piedra que es millones de piedras que es montaña y que me guarda de los ojos de mi pueblo. Entre estas paredes que lloran tintas de herrumbre y a la miedosa luz de esta hoguera.

C

Con tu sonrisa de amada dormida la escribo. Mi valiente amada inmóvil.   Escribo la que será mi obra en tu espalda el que será tu hijo   y conjuro el hechizo de Xilene que te secó de niños con una sola mirada.   Me alzo contra ese mal con este hijo que trazo lento…

D

Días, miles de días pasaron desde que los hombres dejaron caer el primer sonido sobre el frescor de las cosas.   Miles de días, desde que el gran Dios del Amanecer los sorprendió descalzos bailando para llevarlos a otro lugar de la naturaleza y del tiempo.

E

Ellos, los del infinito asombro, los que no conocían otras voces y otros nombres, solo tenían miedo en las horas del crepúsculo cuando el Dios se entregaba dócil al roer de estas montañas.   Entonces, guardaban la cara entre las manos y de sus labios escapaba esta oración:

F

“Fieras de la noche que mastican almas por detrás de la Gran Roca les obsequiaremos el mejor de nuestros pájaros la perla más grandiosa que robemos al océano el corazón más latiente que esta danza oscura nos pueda arrancar. Todo eso y más haremos si nos devuelven al Dios que nació del horizonte.”  

G

Giraban y saltaban los danzantes. Golpeaban con sus pies la tierra negra para que la roca temblara y el tam tam rompiera el suelo.   Guardaban el sueño de la tribu y esperaban bailando a que el Dios naciera como un pez de la profundidad del agua.

H

Hombres y mujeres noche a noche dejaban que su baile agradara al cosmos.   Pero como cada mañana fue mañana y la montaña nunca hirió al dios del Día,   la danza poco a poco se hizo sueño perezoso y glotón   y los cantos se ocultaron en las frágiles memorias de los viejos.

I

Ingrato el que no danza ni riega con sudor el cielo.   Infame si olvida al que escribe con naturaleza y astros.   Incauto si cierra los ojos y duerme cuando las fieras de la noche despiertan.   Porque sus lágrimas caerán como la lluvia por el rostro de una niña.

J

Jamás imaginó el pueblo el estallido de ira que sobrevino al sueño.   Los hombres se miraron con ojos asustados, se miraron con ojos como soles que se esconden detrás de las montañas   y las mujeres corrieron a refugiarse en sus brazos y los niños corrieron a guardarse entre sus pechos y el miedo los cubrió…

K

Kalii, la Gran Roca de afilado diente, alzó su enojo contra el dios del Día.   y de su boca piedra brotaron kilos y kilates de materia roca.   Las praderas del cielo se nublaron y miles de pequeños soles   soles y lava y soles, como un ejército de fuego arrasó árboles y cantos.

L

La hora en que llovieron rocas encendidas llegó.   Ríos de cenizas cubrieron los campos con una piel de lava.   El calor chamuscó los líquenes y las pestañas de mi pueblo…   Y las gargantas de los hombres y mujeres fueron cavernas quietas y oscuras, calcinadas.